Las cotorras voladas
El día de la fecha mantuve una larga y distendida charla por teléfono con Papá Bicho.
Hola Pa, qué hacías?, qué haces Lu? Estoy acá viendo las nuevas actualizaciones del msn, no puedo ver el clima ahora, no entiendo esto, ahí tengo un mail de Néstor (O Héctor??). Y si le preguntas a Lolita Gates?. Pasa que Lola no tiene el msn nuevo. Bueno cuando vaya te ayudo (obvio que no me va a dejar usar su compu). La conversa siguió, de paso cañazo fui al baño del trabajo, mientras charlamos del msn y sus malditas actualizaciones, de Héctor o Néstor y su blogspot, etc. Hasta que de pronto pregunto qué hace Loli?, está en la pieza con Teo…
En ese momento me encontraba en mi escritorio del PLB, y compañeros míos escuchaban mi parte de la conversación. Quién es Teo???. Teo, la cotorra. Cómo la cotorra? Qué cotorra??. Estas actualizaciones me tienen pelotudo… Una cotorra que encontró Vale en la calle y la trajo a casa, cosa de mujeres viste!. Y está suelta??. Es azul. Azul? Papi pero es de verdad o es un peluche??. No te digo que es una cotorra!!! Pero cotorra Teo? Es cotorro??. Vas a empezar con tus preguntas pelotudas?? (Ahí maso me descostille de la risa, pero me controlé para poder mantener esta conversación tan entretenida) es una cotorra del África, ya es adulta dijo el veterinario(¿¿¿???). Ayy! Es cómo la de la peli Río!!. Papá no contesta… No veo la hora que Felipe se la coma, me tienen pelotudo. Y qué hace Feli??? No se la come?? Cómo hacen??. Directamente no contesta una de mis últimas preguntas pelotudas. Pero Papi está encerrada?? Cómo la tienen??. Si Lucía, está en una jaula!!! Bueno Pa, mandale saludos a Lola, Vale, Feli y la cotorra Teo!.
Parabaram pam pamm.
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jueves, 9 de junio de 2011
sábado, 14 de mayo de 2011
WATERS+GILMOUR
En la gira que está realizando Roger Waters presentando "The Wall" el 12 de mayo de 2011, en el estadio Arena de Londres, apareció sorpresivamnte David Gilmour para cantar el estribillo y hacer el solo de guitarra en "Comfortably numb".
Abajo la letra traducida
Hello?
Is there anybody in there?
Just nod if you can hear me.
Is there anyone home?
Come on, now.
I hear you're feeling down.
Well I can ease your pain,
Get you on your feet again.
Relax.
I need some information first.
Just the basic facts,
Can you show me where it hurts?
There is no pain, you are receding.
A distant ship's smoke on the horizon.
You are only coming through in waves.
Your lips move but I can't hear what you're sayin'.
When I was a child I had a fever.
My hands felt just like two balloons.
Now I got that feeling once again.
I can't explain, you would not understand.
This is not how I am.
I have become comfortably numb.
Ok.
Just a little pinprick.
There'll be no more ...Aaaaaahhhhh!
But you may feel a little sick.
Can you stand up?
I do believe it's working. Good.
That'll keep you going for the show.
Come on it's time to go.
There is no pain, you are receding.
A distant ship's smoke on the horizon.
You are only coming through in waves.
Your lips move but I can't hear what you're sayin'.
When I was a child I caught a fleeting glimpse,
Out of the corner of my eye.
I turned to look but it was gone.
I cannot put my finger on it now.
The child is grown, the dream is gone.
I have become comfortably numb.
¿Hola?
¿Hay alguien allí adentro?
Solo cabecea si puedes oírme.
¿Hay alguien en casa?
Vamos, ahora.
He escuchado que te sientes mal.
Bueno, yo puedo dismunuir tu dolor,
Ponerte en tus pies de nuevo.
Relájate.
Necesito algo de información, primero.
Solo los hechos básicos,
¿Puedes mostrarme donde te duele?
No hay dolor, estás retrocediendo.
El humo de un barco lejano en el horizonte.
Estás viniendo solamente a través en ondas.
Tus labios se mueven pero no puedo oír lo que estás diciendo.
Cuando yo era un niño tenía fiebre.
Mis manos se sentían como dos globos.
Ahora tengo esa sensación de nuevo.
No puedo explicar, no lo entenderías.
Así no es cómo soy yo.
Estoy entumecido confortablemente.
O.K.
Apenas un pequeño pinchazo.
Y no habrá más… ¡Aaaaaaaahhhhh!
Pero puedes sentirte un poco enfermo.
¿Puedes pararte?
Creo que está funcionando. Bien.
Eso te mantendrá listo para el show.
Vamos, es hora de irse.
No hay dolor, estás retrocediendo.
El humo de un barco lejano en el horizonte.
Estás viniendo solamente a través en ondas.
Tus labios se mueven pero no puedo oír lo que estás diciendo.
Cuando yo era un niño tuve una efímera ojeada,
Afuera de la esquina de mi ojo.
Di vuelta a mi mirada pero se había ido.
Ahora no puedo poner mi dedo en él.
El niño ha crecido, el sueño se ha ido.
Estoy entumecido confortablemente.
domingo, 8 de mayo de 2011
NESTOR PONCE
No es la primera oportunidad en que compartimos con ustedes algo del amigo Néstor Ponce
Vos andá al arco, Néstor PonceEscrito por: Antonio Sarabia en Literatura argentina, Literatura hispanoamericana, Narrativa hispanoamericana contemporánea
Además de mi amigo, y de vivir en Rennes, donde enseña lenguas y civilizaciones hispanoamericanas en la universidad, Néstor Ponce (La Plata, Argentina, 1955) es mi entrañable contacto en Francia: forma el eje del polígono Argentina, México, Francia, Portugal, Colombia que me provee, sólo Dios y él saben cómo, de los elementos necesarios para preparar una deliciosa salsa mexicana de chile chipotle en Lisboa. Cosa de aderezar bien la comida y atenuar, al menos gastronómicamente, las saudades que asaltan a veces aun a la vista del Tajo.
Estos días recibí noticias suyas. En su correo anuncia que acaba de publicar un libro de ensayos sobre el sufrido país donde consigue los chipotles: México. Se titula Mexique. Conflits, rêves et miroirs. Me dice también, felicidades, que la edición cubana de Una vaca ya pronto serás (Premio Internacional de Novela Siglo XXI en el 2006) aparecerá en Arte y Literatura el próximo mes de octubre. Junto con las buenas noticias envió para Los Convidados un relato con una breve introducción que contiene, no todo es felicidad, una mala noticia. Me apresuro a reproducir más abajo ambos textos. En la introducción hace referencia a una entrada aparecida en este mismo blog el dos de noviembre del 2008: Amistad y traición a la Néstor Ponce. Gracias, Néstor, por la cooperación, la literatura y la amistad.
.
En octubre de 2008, después de una cena que compartimos en Rennes con Rita Godet y Maria Valéria Rezende, Antonio Sarabia me propuso que le enviara un relato corto para que lo colgara en su hermosa página “Los Convidados”. Pocas semanas más tarde, salía allí mi cuento El día del amigo. Entre tanto, el corazón me había andado dando unos sobresaltos y tuve que anular un viaje a México. Pero la página de Antonio me permitió hacer un paseo virtual y encontrarme con los mensajes de muchos amigos que andan por el vasto mundo. Entre ellos estaba uno de los protagonistas de mi relato, Marcelo Rocha, el Negro para los amigos. Allí dejó un mensaje que todavía pueden leer.
Nos conocimos en el Colegio Nacional de La Plata, en 1969. Estábamos en la misma división y compartimos muchas cosas juntos, pero curiosamente, pocas actividades nos reunieron: al Negro no le gustaba el rugby, no jugaba a la bocheta en el Bar Rivadavia de la calle 50 -calle donde transcurre el relato-, no iba a los partidos de fútbol, no le gustaban las carreras de caballos ni la literatura. Sin embargo, tocamos en el mismo grupo de rock -al que como su nombre, Lapsus, se lo llevó la historia- y compusimos con Eduardo Vega una canción, “Sólo gente”, de la que recuerdo parte de la letra y los tonos en mi bemol-fa-sol que le acomodó el Negro.
Después se nos vino encima esa parte de la Historia narrada en El día del amigo y varios de los amigos del Colegio Nacional nos desperdigamos por el mundo. Muchos otros murieron bajo la dictadura. El Negro se quedó en La Plata y se recibió de arquitecto. Nos carteamos, pero era de poco escribir. Nos hablamos por teléfono. Y sobre todo nos encontramos para comer y charlar durante horas, cada vez que regresaba a Argentina. En agosto del año pasado compartimos una larga y divertida comida en familia, en un restaurante en Gonnet, con Silvia y su hija, Agus. En diciembre mantuvimos una charla telefónica y le conté en detalle mi problema cardíaco. Parecía como sorprendido de que nos pudieran pasar esas cosas. Nos repetimos eso de que no importa envejecer, sino que haya gente que todavía siga naciendo.
El domingo 29 de marzo sonó mi celular.
A doce mil kilómetros de distancia, la voz pastosa y triste de Santiago me anunciaba que el Negro acababa de fallecer.
Se me ocurre que, en cierto modo, algo del Marcelo Rocha jovial, buena onda y buen amigo, quedó en ese cuentito. Ahora, cuando lo releo, y cuando releo su mensaje, me digo que para él, la amistad siempre fue algo verdadero.
VOS ANDÁ AL ARCO
Los entrenamientos eran los martes y los jueves y los sábados teníamos partido. Los domingos y los lunes eran una tortura, esperando ponerme la camiseta e ir a acariciar a la pelota. Igual, yo nunca jugaba. Cuando daban la lista del equipo y de los suplentes, si había veinte jugadores, yo era el número veintiuno. Mi hermano tenía más suerte y si el match era más fácil, entraba seguro.
Hasta que un día construyeron una urbanización en el barrio, pavimentaron las calles de tierra y llegaron un montón de otros pibes, tantos, que al cabo de un mes ya podíamos presentar tres equipos. Me puse recontento, porque al fin iba a poder jugar y expresar mis innatas cualidades, pero el día del primer torneo, cuando el entrenador dio el equipo, me dí cuenta que no sabía en qué puesto ponerme, hasta que al final transó :
-Vos, che, Carlito’, andá al arco.
¡Mirá que ponerme a mí en el arco ! ¡A mí que era el rey del remate de voleo a media distancia ! ¡El as de la media chilena! ¡El mago de la bicicleta! ¡Qué desperdicio !
Mi hermano se dio cuenta y como que vino a consolarme, no te calentés, Carlito’. Pero yo veía que el universo se pintaba de rojo, era un toro furioso capaz de embestir todo a cornadas y dejar babeando a las víctimas.
Total, que en vez de ponerme la camiseta albirroja, me pasaron una amarilla y encima gastada, con los codos rotos. El arquero del equipo dos se compadeció y me prestó los guantes, tomá, Mogolito, a ver si agarrás alguna. Cuando me llamó así me cabree todavía más, vos nunca dejés que te digan mogólico, vos sos trisómico, ¿entendés?, me repetía mi mamá. Yo la oía sin oírla, me iba al fondo de casa y apoyaba los labios en la pared, pensaba que me destornillaba la cabeza, que era independiente del resto del cuerpo, chupando el revoque de la pared, la pintura que mi padre aplicaba con paciencia para luchar contra los hongos y la humedad. “Vivimos en un pozo”, gruñía mi viejo, “y ya tenemos el agua hasta el cuello”, y pasaba y repasaba el pincel con un cigarrillo en la comisura, entrecerrando el ojo que le picaba por el humo del tabaco que se consumía, espiral de bruma.
-Le voy a decir a mi hermano que me llamaste así, vas a ver.
Mirá como tiemblo, me dijo el arquero y me mostró las manos. Ahí me di cuenta que los guantes no me iban a servir: mis manos eran muy grandes, casi el doble de las suyas, mucho más que la normal. Yo no era normal. Venía a ser trisómico, y por eso no era un buen jugador, en los partidos me distraía, pensaba que estaba en el fondo de casa, con los labios pegados al revoque de la pared, dando vueltas como un destornillador, me distraía y quedaba en posición fuera de juego, o le erraba a la pelota, o cuando llegaba a mis pies quería pisarla, amasarla, sacudirla y se me escabullía, o el marcador rival me la quitaba y los otros jugadores del equipo pasaban corriendo a mi lado con los dientes apretados, mirá que sos boludo, mogolito.
-Vos, che, Carlito’, andá al arco- me había dicho el entrenador.
Otras veces, en medio del partido, con las manos en los bolsillos, me empezaba a contar el partido como si lo transmitieran por la radio, el Víctor Hugo Morales, esto ya se terminó Pezzotta, Estudiantes es campeón, Estudiantes con los jugadores arrodillados, con los brazos al cielo agradeciendo a la hinchada, en el mano a mano con Boca, con un golazo de Carlito’, Estudiantes es campeón en una de las mayores epopeyas de la historia del fútbol argentino, es Estudiantes que una noche resurgió de las cenizas y la empató al Gremio de Porto Alegre con siete jugadores, y un golazo de Carlito’ luego de un pase en profundidad de la Brujita Verón, que con diez hombres en la cancha revirtió el uno a tres contra Platense ¡¡¡¡¡¡y se coronó campeón frente a Racing una semana después!!!!!!
-Vos, che, andá al arco.
Entramos a la cancha y cuando me puse en la portería oí atrás mío el temblequeo de una voz, mirá pobrecito, el arquero es mogólico. Me dí vuelta hasta encontrar la cara del infeliz que había hablado:
-Mogólico la concha de tu madre.
Azote-1.jpg picture by antoniosarabiaNo me volvieron a joder en todo el partido. Dominamos de punta a punta y toqué la pelota una vez, cuando me la acercó un defensor para que despejara. Ganamos siete a cero y un pibe nuevo, medio chueco y gambeteador, metió cinco goles. Le decían el Cortito Micheli, porque era peticito y panzón, pero entrador como ninguno. Cuando el árbitro silbó el final lo fui a felicitar y me pegó un golpecito en la nuca guiñándome un ojo, muy bien Carlito’, hoy las atajás todas, ojo eh, bien concentrado, que no se te escape ni una.
Yo me fui pensando que si el Cortito me había pedido eso tenía que responderle, que yo bien concentrado, todo el partido. Después no sé qué pasó, porque las cosas se sucedieron rápido y el entrenador me miraba medio raro. Durante la mañana ganamos tres partidos más y pasamos a octavos de final. El equipo dos había sido eliminado en la ronda anterior y el uno se clasificó cagando, con un gol en el último segundo y el desempate a penales. En el segundo partido, me acordé de lo que me dijo el Cortito y cuando venían las acciones bravas del equipo adverso me contaba una transmisión, me repetía en la cabeza avanza por el flanco izquierdo el internacional brasilero Ronaldinho, se para, amaga, mete un caño, ingresa en el área adversa, ¡viene el gol viene el gol! ¡patea! ¡Magistral Carlito’ rechazando la pelota! ¡Un pájaro Carlito’ volando e impidiendo la conversión del tanto! Mientras más me contaba el partido, más atajaba, y los defensores se relojeaban entre sí diciendo éste se destapó por fin. Un pibe nuevo de la urbanización, puro mate, el Cabezón Mercer se llamaba, defensor central medio tronco, me habló por primera vez, era muy tímido: buenísimo Carlito’, te estás pasando…
A mí los elogios me resbalaban, yo concentrado y a atajar. En los octavos hice proezas, el entrenador ya no me junaba fulero, sonreía y me decía que sí con los labios apretados y frunciendo el mentón, en la cara de los contrarios se leía la incertidumbre, la imposibilidad. El contrario era el equipo que venía de ganar cuatro campeonatos seguidos, nuestro gran enemigo, el verdugo del team número uno de nuestro club, y resulta que ahora no podían con el equipo tres. Íbamos cero a cero cuando desde el mediocampo partió un pase en profundidad y el centrodelantero, goleador máximo cada año, copa en mano y foto en el suplemento de El Día dedicado a los infantiles, encaró hacia el área para definir. Esta es la mía, me dije, y oí la voz del Víctor Hugo Morales, tremendo servicio del Mono Poce, hondísimo, y viene el gol viene el gol viene el gol… Nooooooooooooooooooooo, magistral atajada de Carlito’ que fue a buscar esa pelota como se busca un sueño, la acarició con la yema de los dedos para elevarla por sobre el travesaño, nooooooooooooooooooooooooo, no fue gol, fue un ave que planea en la distancia para gritar la impotencia de no poder marcarrrrrrrrrrrrrrrrrr… El suelo era duro y cuando caí me crujieron los huesitos del codo, pero había sacado la pelota y seguíamos cero a cero. Se me saltaban las lágrimas del dolor, pero no dije ni mu y me dirigí a los defensores, concentrados muchachos, concentrados que viene el córner.
-Buenísimo, Carlito’- chifló el entrenador desde la mitad de la cancha.
Cuando patearon el saque de esquina pensé rechazar con los puños, la pelota venía suavecita y planeando, un platito que flotaba indolente en el aire, pero en lugar de eso la bajé con la palma de la mano en el área y la fui a buscar para pegarle con el empeine en dirección del Cortito. Ni corto ni perezoso el pibe picó y se la llevó jugueteando de taquito y con el pecho. Un defensor desesperado se tiró en un resbalón aparatoso, que mucho tenía de final y de bronca. El Cortito enganchó para adentro y cuando el balón pegó el segundo pique lo sacudió con un derechazo furibundo que hizo temblar la red. Después hicimos circular la pelota, cada contragolpe nuestro era medio gol, y cuando el árbitro pitó el final el entrenador vino a felicitarme.
-Grande Carlito’, sin vos no ganábamo’…
El cuarto de final nos tocó con el equipo uno. El entrenador pasó más tiempo con ellos que con nosotros, que nos quedamos esperando en el pasillo del vestuario. Al cabo de quince minutos abrió la puerta y los hizo salir. Después entramos nosotros. No nos pidió que nos dejáramos ganar, pero más o menos lo que quedó en claro era que no teníamos ninguna chance, que los otros nos iban a reventar. Pero en lugar de eso resultó un partido aburrido, una cadena en la mitad de la cancha, los defensores en marca hombre a hombre, sin jugadas de peligro. El desempate fue a penales, en serie de a cinco. Quedamos cuatro a cuatro, y cuando llegó el turno del último no tuve necesidad de contarme el partido, no, porque tenía adentro de la cabeza al Víctor Hugo Morales, zumbaba la hinchada detrás de su voz, dale campeón dale campeón dale león, avanza el impecable mediocampista Lucho González, pelota bajo el brazo, andar seguro y firme, imperturbable, convencido de marcar, posa la pelota sin ni siquiera mirar hacia el arco, ¡qué clase!, ¡qué jugador!, se viene el gol, se viene el quinto penal convertido, toma carrera Lucho González, saca un bombazo y gggg… ¡nooooooooooooooo! ¡un artista estropeó una obra maestraaaaaaaaaaaaa! ¡qué atajada de Carlitos! ¡se impregnó en el espacio como una metáfora, como un esférico con mucho efecto, como un destornillador se envolvió en el aire y desvió ese cañonaaaaaaaazoooooooooooooo!
El Cortito Micheli era el encargado del último penal y lo convirtió con clase, a contrapié, el pobre arquero contrario mordió el polvo, el polvo arrugado de la derrota, de la impotencia, y los jugadores corrieron desaforados hacia mí me abrazaron me abrazaron, vi la imagen de mi papá como una foto movida, llorando al borde de la cancha, sin animarse a entrar, él que me quería tanto, papá. El entrenador paró la fiesta, pero estaba emocionado, perlas en los ojos, tranquilos muchachos, tranquilos, grande Carlito’, y me acarició el cuello y me sentí como un perro fiel, feliz, feliz. Como si me hubiera acariciado papá. Como perro con dos colas. Cuando mi viejo no me hablaba, me ponía mal, no era conmigo, nada que ver con vos, me decía mamá, problemas del trabajo, de dinero, preocupaciones, Carlito’, si supieras, y me abrazaba la vieja, y suspiraba, ahí, en el fondo de casa, donde yo le daba a la pelota y mi hermano decía pará Carlito’, no seas boludo, que vas a arrancar los brotes de las flores con tanta patada contra los canteros.
Después nos metimos otra vez en el vestuario. Nunca lo había visto así al director técnico, una abeja picando miel, a los saltos, hablándonos a todos, a cada uno, escribiendo en el pizarrón la táctica, cuidado con el atacante de la derecha, desborda rápido y a cubrir el centro, y si no, engancha para adentro y busca al diez. El diez era Maradona. Yo me llamaba Carlito’ e iba a jugar contra Maradona.
La final era un plomazo, nada que ver con las semifinales, que ganamos cuatro a cero. Yo atajé un penal, me sentía una palomita voladora, una nube flotando en el espacio sideral, las paraba todas. Pero en la final no pasaba nada, mucho miedo, demasiado pase lateral, el temor a la victoria. En el banco, el entrenador saltaba de impotencia, se comía las uñas, se incorporaba y daba instrucciones, vos a la derecha Cortito, buscá la profundidá, Cabezón, nada de pelotazos, cuidar la transmisión. Y ya íbamos derecho a los penales, quedaban unos segundos, cuando Mercer me hizo un pase para atrás, yo no tenía más que reventarla porque el árbitro iba a pitar el final del match y a los penales, momento mágico en el que Carlito’ iba a lucirse y a mostrar su clase internacional, esto no va para más Pezzotta, Estudiantes es campeón con Carlito’ y una actuación sensacional, mágicaaaaaaa y de repente no sé lo que paso, me empecé a acordar del fondo de casa, cuando me ponía a chupar el revoque de la pared desconchada, girando, rotando como un ventilador y venía la pelota, venía rodando como un caramelo deslavado, no tenía más que pararla bajo mi pie y mandar un pelotazo para llegar a los penales, íbamos cero a cero, se definía a penales, y el esférico rodaba como yo pegado a la pared y al revoque, la que daba vueltas era la pared y no yo, y venía la pelota y levanté la pierna para detenerla, pero la levanté mucho, la elevé como para hacerla girar como una escafandra en órbita alrededor del espacio y la pelota siguió de largo, pasó bajo mi pie, lentamente, no podía llegar a atravesar la línea y como en otra foto movida vi al entrenador que se agarraba la cabeza, y a Mercer que tenía un hueco negro de asombro en lugar de la boca, y así rasguñando el polvo la pelota entró al arco, pasó la línea y entonces escuché el grito de gol, golgolgolgol de los jugadores rivales. Después volví al fondo de casa, a seguir chupando la pared.
Néstor Ponce
http://losconvidados.com/vos-anda-al-arco-nestor-ponce/
Vos andá al arco, Néstor PonceEscrito por: Antonio Sarabia en Literatura argentina, Literatura hispanoamericana, Narrativa hispanoamericana contemporánea
Además de mi amigo, y de vivir en Rennes, donde enseña lenguas y civilizaciones hispanoamericanas en la universidad, Néstor Ponce (La Plata, Argentina, 1955) es mi entrañable contacto en Francia: forma el eje del polígono Argentina, México, Francia, Portugal, Colombia que me provee, sólo Dios y él saben cómo, de los elementos necesarios para preparar una deliciosa salsa mexicana de chile chipotle en Lisboa. Cosa de aderezar bien la comida y atenuar, al menos gastronómicamente, las saudades que asaltan a veces aun a la vista del Tajo.
Estos días recibí noticias suyas. En su correo anuncia que acaba de publicar un libro de ensayos sobre el sufrido país donde consigue los chipotles: México. Se titula Mexique. Conflits, rêves et miroirs. Me dice también, felicidades, que la edición cubana de Una vaca ya pronto serás (Premio Internacional de Novela Siglo XXI en el 2006) aparecerá en Arte y Literatura el próximo mes de octubre. Junto con las buenas noticias envió para Los Convidados un relato con una breve introducción que contiene, no todo es felicidad, una mala noticia. Me apresuro a reproducir más abajo ambos textos. En la introducción hace referencia a una entrada aparecida en este mismo blog el dos de noviembre del 2008: Amistad y traición a la Néstor Ponce. Gracias, Néstor, por la cooperación, la literatura y la amistad.
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En octubre de 2008, después de una cena que compartimos en Rennes con Rita Godet y Maria Valéria Rezende, Antonio Sarabia me propuso que le enviara un relato corto para que lo colgara en su hermosa página “Los Convidados”. Pocas semanas más tarde, salía allí mi cuento El día del amigo. Entre tanto, el corazón me había andado dando unos sobresaltos y tuve que anular un viaje a México. Pero la página de Antonio me permitió hacer un paseo virtual y encontrarme con los mensajes de muchos amigos que andan por el vasto mundo. Entre ellos estaba uno de los protagonistas de mi relato, Marcelo Rocha, el Negro para los amigos. Allí dejó un mensaje que todavía pueden leer.
Nos conocimos en el Colegio Nacional de La Plata, en 1969. Estábamos en la misma división y compartimos muchas cosas juntos, pero curiosamente, pocas actividades nos reunieron: al Negro no le gustaba el rugby, no jugaba a la bocheta en el Bar Rivadavia de la calle 50 -calle donde transcurre el relato-, no iba a los partidos de fútbol, no le gustaban las carreras de caballos ni la literatura. Sin embargo, tocamos en el mismo grupo de rock -al que como su nombre, Lapsus, se lo llevó la historia- y compusimos con Eduardo Vega una canción, “Sólo gente”, de la que recuerdo parte de la letra y los tonos en mi bemol-fa-sol que le acomodó el Negro.
Después se nos vino encima esa parte de la Historia narrada en El día del amigo y varios de los amigos del Colegio Nacional nos desperdigamos por el mundo. Muchos otros murieron bajo la dictadura. El Negro se quedó en La Plata y se recibió de arquitecto. Nos carteamos, pero era de poco escribir. Nos hablamos por teléfono. Y sobre todo nos encontramos para comer y charlar durante horas, cada vez que regresaba a Argentina. En agosto del año pasado compartimos una larga y divertida comida en familia, en un restaurante en Gonnet, con Silvia y su hija, Agus. En diciembre mantuvimos una charla telefónica y le conté en detalle mi problema cardíaco. Parecía como sorprendido de que nos pudieran pasar esas cosas. Nos repetimos eso de que no importa envejecer, sino que haya gente que todavía siga naciendo.
El domingo 29 de marzo sonó mi celular.
A doce mil kilómetros de distancia, la voz pastosa y triste de Santiago me anunciaba que el Negro acababa de fallecer.
Se me ocurre que, en cierto modo, algo del Marcelo Rocha jovial, buena onda y buen amigo, quedó en ese cuentito. Ahora, cuando lo releo, y cuando releo su mensaje, me digo que para él, la amistad siempre fue algo verdadero.
VOS ANDÁ AL ARCO
Los entrenamientos eran los martes y los jueves y los sábados teníamos partido. Los domingos y los lunes eran una tortura, esperando ponerme la camiseta e ir a acariciar a la pelota. Igual, yo nunca jugaba. Cuando daban la lista del equipo y de los suplentes, si había veinte jugadores, yo era el número veintiuno. Mi hermano tenía más suerte y si el match era más fácil, entraba seguro.
Hasta que un día construyeron una urbanización en el barrio, pavimentaron las calles de tierra y llegaron un montón de otros pibes, tantos, que al cabo de un mes ya podíamos presentar tres equipos. Me puse recontento, porque al fin iba a poder jugar y expresar mis innatas cualidades, pero el día del primer torneo, cuando el entrenador dio el equipo, me dí cuenta que no sabía en qué puesto ponerme, hasta que al final transó :
-Vos, che, Carlito’, andá al arco.
¡Mirá que ponerme a mí en el arco ! ¡A mí que era el rey del remate de voleo a media distancia ! ¡El as de la media chilena! ¡El mago de la bicicleta! ¡Qué desperdicio !
Mi hermano se dio cuenta y como que vino a consolarme, no te calentés, Carlito’. Pero yo veía que el universo se pintaba de rojo, era un toro furioso capaz de embestir todo a cornadas y dejar babeando a las víctimas.
Total, que en vez de ponerme la camiseta albirroja, me pasaron una amarilla y encima gastada, con los codos rotos. El arquero del equipo dos se compadeció y me prestó los guantes, tomá, Mogolito, a ver si agarrás alguna. Cuando me llamó así me cabree todavía más, vos nunca dejés que te digan mogólico, vos sos trisómico, ¿entendés?, me repetía mi mamá. Yo la oía sin oírla, me iba al fondo de casa y apoyaba los labios en la pared, pensaba que me destornillaba la cabeza, que era independiente del resto del cuerpo, chupando el revoque de la pared, la pintura que mi padre aplicaba con paciencia para luchar contra los hongos y la humedad. “Vivimos en un pozo”, gruñía mi viejo, “y ya tenemos el agua hasta el cuello”, y pasaba y repasaba el pincel con un cigarrillo en la comisura, entrecerrando el ojo que le picaba por el humo del tabaco que se consumía, espiral de bruma.
-Le voy a decir a mi hermano que me llamaste así, vas a ver.
Mirá como tiemblo, me dijo el arquero y me mostró las manos. Ahí me di cuenta que los guantes no me iban a servir: mis manos eran muy grandes, casi el doble de las suyas, mucho más que la normal. Yo no era normal. Venía a ser trisómico, y por eso no era un buen jugador, en los partidos me distraía, pensaba que estaba en el fondo de casa, con los labios pegados al revoque de la pared, dando vueltas como un destornillador, me distraía y quedaba en posición fuera de juego, o le erraba a la pelota, o cuando llegaba a mis pies quería pisarla, amasarla, sacudirla y se me escabullía, o el marcador rival me la quitaba y los otros jugadores del equipo pasaban corriendo a mi lado con los dientes apretados, mirá que sos boludo, mogolito.
-Vos, che, Carlito’, andá al arco- me había dicho el entrenador.
Otras veces, en medio del partido, con las manos en los bolsillos, me empezaba a contar el partido como si lo transmitieran por la radio, el Víctor Hugo Morales, esto ya se terminó Pezzotta, Estudiantes es campeón, Estudiantes con los jugadores arrodillados, con los brazos al cielo agradeciendo a la hinchada, en el mano a mano con Boca, con un golazo de Carlito’, Estudiantes es campeón en una de las mayores epopeyas de la historia del fútbol argentino, es Estudiantes que una noche resurgió de las cenizas y la empató al Gremio de Porto Alegre con siete jugadores, y un golazo de Carlito’ luego de un pase en profundidad de la Brujita Verón, que con diez hombres en la cancha revirtió el uno a tres contra Platense ¡¡¡¡¡¡y se coronó campeón frente a Racing una semana después!!!!!!
-Vos, che, andá al arco.
Entramos a la cancha y cuando me puse en la portería oí atrás mío el temblequeo de una voz, mirá pobrecito, el arquero es mogólico. Me dí vuelta hasta encontrar la cara del infeliz que había hablado:
-Mogólico la concha de tu madre.
Azote-1.jpg picture by antoniosarabiaNo me volvieron a joder en todo el partido. Dominamos de punta a punta y toqué la pelota una vez, cuando me la acercó un defensor para que despejara. Ganamos siete a cero y un pibe nuevo, medio chueco y gambeteador, metió cinco goles. Le decían el Cortito Micheli, porque era peticito y panzón, pero entrador como ninguno. Cuando el árbitro silbó el final lo fui a felicitar y me pegó un golpecito en la nuca guiñándome un ojo, muy bien Carlito’, hoy las atajás todas, ojo eh, bien concentrado, que no se te escape ni una.
Yo me fui pensando que si el Cortito me había pedido eso tenía que responderle, que yo bien concentrado, todo el partido. Después no sé qué pasó, porque las cosas se sucedieron rápido y el entrenador me miraba medio raro. Durante la mañana ganamos tres partidos más y pasamos a octavos de final. El equipo dos había sido eliminado en la ronda anterior y el uno se clasificó cagando, con un gol en el último segundo y el desempate a penales. En el segundo partido, me acordé de lo que me dijo el Cortito y cuando venían las acciones bravas del equipo adverso me contaba una transmisión, me repetía en la cabeza avanza por el flanco izquierdo el internacional brasilero Ronaldinho, se para, amaga, mete un caño, ingresa en el área adversa, ¡viene el gol viene el gol! ¡patea! ¡Magistral Carlito’ rechazando la pelota! ¡Un pájaro Carlito’ volando e impidiendo la conversión del tanto! Mientras más me contaba el partido, más atajaba, y los defensores se relojeaban entre sí diciendo éste se destapó por fin. Un pibe nuevo de la urbanización, puro mate, el Cabezón Mercer se llamaba, defensor central medio tronco, me habló por primera vez, era muy tímido: buenísimo Carlito’, te estás pasando…
A mí los elogios me resbalaban, yo concentrado y a atajar. En los octavos hice proezas, el entrenador ya no me junaba fulero, sonreía y me decía que sí con los labios apretados y frunciendo el mentón, en la cara de los contrarios se leía la incertidumbre, la imposibilidad. El contrario era el equipo que venía de ganar cuatro campeonatos seguidos, nuestro gran enemigo, el verdugo del team número uno de nuestro club, y resulta que ahora no podían con el equipo tres. Íbamos cero a cero cuando desde el mediocampo partió un pase en profundidad y el centrodelantero, goleador máximo cada año, copa en mano y foto en el suplemento de El Día dedicado a los infantiles, encaró hacia el área para definir. Esta es la mía, me dije, y oí la voz del Víctor Hugo Morales, tremendo servicio del Mono Poce, hondísimo, y viene el gol viene el gol viene el gol… Nooooooooooooooooooooo, magistral atajada de Carlito’ que fue a buscar esa pelota como se busca un sueño, la acarició con la yema de los dedos para elevarla por sobre el travesaño, nooooooooooooooooooooooooo, no fue gol, fue un ave que planea en la distancia para gritar la impotencia de no poder marcarrrrrrrrrrrrrrrrrr… El suelo era duro y cuando caí me crujieron los huesitos del codo, pero había sacado la pelota y seguíamos cero a cero. Se me saltaban las lágrimas del dolor, pero no dije ni mu y me dirigí a los defensores, concentrados muchachos, concentrados que viene el córner.
-Buenísimo, Carlito’- chifló el entrenador desde la mitad de la cancha.
Cuando patearon el saque de esquina pensé rechazar con los puños, la pelota venía suavecita y planeando, un platito que flotaba indolente en el aire, pero en lugar de eso la bajé con la palma de la mano en el área y la fui a buscar para pegarle con el empeine en dirección del Cortito. Ni corto ni perezoso el pibe picó y se la llevó jugueteando de taquito y con el pecho. Un defensor desesperado se tiró en un resbalón aparatoso, que mucho tenía de final y de bronca. El Cortito enganchó para adentro y cuando el balón pegó el segundo pique lo sacudió con un derechazo furibundo que hizo temblar la red. Después hicimos circular la pelota, cada contragolpe nuestro era medio gol, y cuando el árbitro pitó el final el entrenador vino a felicitarme.
-Grande Carlito’, sin vos no ganábamo’…
El cuarto de final nos tocó con el equipo uno. El entrenador pasó más tiempo con ellos que con nosotros, que nos quedamos esperando en el pasillo del vestuario. Al cabo de quince minutos abrió la puerta y los hizo salir. Después entramos nosotros. No nos pidió que nos dejáramos ganar, pero más o menos lo que quedó en claro era que no teníamos ninguna chance, que los otros nos iban a reventar. Pero en lugar de eso resultó un partido aburrido, una cadena en la mitad de la cancha, los defensores en marca hombre a hombre, sin jugadas de peligro. El desempate fue a penales, en serie de a cinco. Quedamos cuatro a cuatro, y cuando llegó el turno del último no tuve necesidad de contarme el partido, no, porque tenía adentro de la cabeza al Víctor Hugo Morales, zumbaba la hinchada detrás de su voz, dale campeón dale campeón dale león, avanza el impecable mediocampista Lucho González, pelota bajo el brazo, andar seguro y firme, imperturbable, convencido de marcar, posa la pelota sin ni siquiera mirar hacia el arco, ¡qué clase!, ¡qué jugador!, se viene el gol, se viene el quinto penal convertido, toma carrera Lucho González, saca un bombazo y gggg… ¡nooooooooooooooo! ¡un artista estropeó una obra maestraaaaaaaaaaaaa! ¡qué atajada de Carlitos! ¡se impregnó en el espacio como una metáfora, como un esférico con mucho efecto, como un destornillador se envolvió en el aire y desvió ese cañonaaaaaaaazoooooooooooooo!
El Cortito Micheli era el encargado del último penal y lo convirtió con clase, a contrapié, el pobre arquero contrario mordió el polvo, el polvo arrugado de la derrota, de la impotencia, y los jugadores corrieron desaforados hacia mí me abrazaron me abrazaron, vi la imagen de mi papá como una foto movida, llorando al borde de la cancha, sin animarse a entrar, él que me quería tanto, papá. El entrenador paró la fiesta, pero estaba emocionado, perlas en los ojos, tranquilos muchachos, tranquilos, grande Carlito’, y me acarició el cuello y me sentí como un perro fiel, feliz, feliz. Como si me hubiera acariciado papá. Como perro con dos colas. Cuando mi viejo no me hablaba, me ponía mal, no era conmigo, nada que ver con vos, me decía mamá, problemas del trabajo, de dinero, preocupaciones, Carlito’, si supieras, y me abrazaba la vieja, y suspiraba, ahí, en el fondo de casa, donde yo le daba a la pelota y mi hermano decía pará Carlito’, no seas boludo, que vas a arrancar los brotes de las flores con tanta patada contra los canteros.
Después nos metimos otra vez en el vestuario. Nunca lo había visto así al director técnico, una abeja picando miel, a los saltos, hablándonos a todos, a cada uno, escribiendo en el pizarrón la táctica, cuidado con el atacante de la derecha, desborda rápido y a cubrir el centro, y si no, engancha para adentro y busca al diez. El diez era Maradona. Yo me llamaba Carlito’ e iba a jugar contra Maradona.
La final era un plomazo, nada que ver con las semifinales, que ganamos cuatro a cero. Yo atajé un penal, me sentía una palomita voladora, una nube flotando en el espacio sideral, las paraba todas. Pero en la final no pasaba nada, mucho miedo, demasiado pase lateral, el temor a la victoria. En el banco, el entrenador saltaba de impotencia, se comía las uñas, se incorporaba y daba instrucciones, vos a la derecha Cortito, buscá la profundidá, Cabezón, nada de pelotazos, cuidar la transmisión. Y ya íbamos derecho a los penales, quedaban unos segundos, cuando Mercer me hizo un pase para atrás, yo no tenía más que reventarla porque el árbitro iba a pitar el final del match y a los penales, momento mágico en el que Carlito’ iba a lucirse y a mostrar su clase internacional, esto no va para más Pezzotta, Estudiantes es campeón con Carlito’ y una actuación sensacional, mágicaaaaaaa y de repente no sé lo que paso, me empecé a acordar del fondo de casa, cuando me ponía a chupar el revoque de la pared desconchada, girando, rotando como un ventilador y venía la pelota, venía rodando como un caramelo deslavado, no tenía más que pararla bajo mi pie y mandar un pelotazo para llegar a los penales, íbamos cero a cero, se definía a penales, y el esférico rodaba como yo pegado a la pared y al revoque, la que daba vueltas era la pared y no yo, y venía la pelota y levanté la pierna para detenerla, pero la levanté mucho, la elevé como para hacerla girar como una escafandra en órbita alrededor del espacio y la pelota siguió de largo, pasó bajo mi pie, lentamente, no podía llegar a atravesar la línea y como en otra foto movida vi al entrenador que se agarraba la cabeza, y a Mercer que tenía un hueco negro de asombro en lugar de la boca, y así rasguñando el polvo la pelota entró al arco, pasó la línea y entonces escuché el grito de gol, golgolgolgol de los jugadores rivales. Después volví al fondo de casa, a seguir chupando la pared.
Néstor Ponce
http://losconvidados.com/vos-anda-al-arco-nestor-ponce/
martes, 15 de marzo de 2011
editorial del 28/2/11- Sarmiento otra vez
SARMIENTO OTRA VEZ…
Y si… Collar tiene su maestro, su profe, “El Negrus…” por qué no continuar? Sin embargo, hoy cambiamos un poco al maestro de lugar, lo quitamos de las aulas y lo llevamos a nuestro deporte más popular… se preguntarán que es lo que motiva Sarmiento otra vez, bueno como les dije nuestro maestro está en este preciso instante en lo que es la reapertura oficial del Estadio único de nuestra ciudad, viendo a su equipo en un partido por la Copa Libertadores, reapertura no... reinauguración que según mi hija mayor ni siquiera se encuentra en el Diccionario de la Real Academia…
Por eso un poco de fútbol y un poco de Sarmiento… ah! y nuestro Negro… el profe
“…Un consejo míster: enseñe a patadas, a trompadas, a empujones, pero enseñe…” Dijo Domingo Faustino Sarmiento, entonces superintendente de Escuelas o Director de Escuelas (Ministro de Educación) cuando recibió al escocés Alexander Watson Hutton que buscaba apoyo para enseñar fútbol en su escuela Buenos Aires English High School, cuna del mítico Alumni de los hermanos Brown…
Luis me lo contó así, si mi amigo el ruso… dicha escena forma parte del guión que escribió Homero Manzi para “Escuela de campeones”… película de 1950 sobre el primer equipo de fútbol de la Argentina…
Eran años de “Pelota de trapo” con Armando Bó y “El hincha” ¿qué sería del fútbol sin el hincha? Se preguntaba Enrique Santos Discépolo… el hincha, el crack, Sarmiento y Alumni formaban parte de lo que se contaba en cine en aquellos años.
No hay casi más vínculos entre Sarmiento y el fútbol… cuando este deporte llegó, los primeros clubes eligieron nombres de barrios, de fechas patrias y de próceres… San Martín tiene más de 100 clubes con su nombre…
Mientras que Sarmiento uno o alguno más… quizá el más conocido, es el de Junín. Fundado en 1911, en 1980 ascendió a primera, en ese equipo jugó mi amigo Guillermo Ocampo, ex de una tercera pincharrata, aunque allí jugaron también Ricardo Gareca, el Toti Iglesias, el Lobo Fischer y el Hueso Glaría, entre otros, Sarmiento le ganó a Boca y a River en su estadio, a éste último con baile incluído y una anécdota que conviene recordar, el humo de los chorizos afectó la vista del pato Fillol en uno de los goles…
Ahora está en la B Nacional, bien, 3.500 socios, fútbol, básquet, natación y vóley cuenta orgulloso su presidente Fernando Chioffazo, lamentablemente las reformas se llevaron puesta un busto de Sarmiento con una de sus tantas frases “las cosas hay que hacerlas, aunque sea mal, pero hacerlas” cuenta don Fernando con un dejo de tristeza…
Tampoco hubiese sido feliz un homenaje al Gran Maestro en tiempo de camdombe, un claro exceso en medio de la lluvia de goles del torneo…
Esto tiene que ver debido a que con mi compañera de tesis tenemos en preparación la difusión de ideas desde el poder y medios… desde el terrorismo de estado de la triple A hasta la actualidad… para muestra dicen… basta un botón, el 15 de febrero día del cumpleaños de Sarmiento el canal gubernamental le dedicó apenas un minuto a su memoria -según las grabaciones que lleva mi compañerita del mencionado canal, a mí me toca el trece-, desde la presidencia no se lo mencionó en todo el día, al menos públicamente… ni siquiera para aprovechar lo poco que falta para el inicio del año lectivo…
Por supuesto que el receptor, que a la vez son muchos receptores, se defiende con lo que tiene a mano, se informa acerca del mundo y de su país como puede y espera siempre la palabra plural, transparente y sin candados… aquella que nunca es la última en decirse…
El bicentenario del nacimiento del maestro coincide con un año de elecciones… habrá civilización y barbarie en nuestra democracia que anda cerca de cumplir los 30 años… y otra vez parafrasear a Borges no está de más “…Sarmiento el soñador, sigue soñándonos…”
Todo un progreso, palabra que Sarmiento amaba mucho.
Y si… Collar tiene su maestro, su profe, “El Negrus…” por qué no continuar? Sin embargo, hoy cambiamos un poco al maestro de lugar, lo quitamos de las aulas y lo llevamos a nuestro deporte más popular… se preguntarán que es lo que motiva Sarmiento otra vez, bueno como les dije nuestro maestro está en este preciso instante en lo que es la reapertura oficial del Estadio único de nuestra ciudad, viendo a su equipo en un partido por la Copa Libertadores, reapertura no... reinauguración que según mi hija mayor ni siquiera se encuentra en el Diccionario de la Real Academia…
Por eso un poco de fútbol y un poco de Sarmiento… ah! y nuestro Negro… el profe
“…Un consejo míster: enseñe a patadas, a trompadas, a empujones, pero enseñe…” Dijo Domingo Faustino Sarmiento, entonces superintendente de Escuelas o Director de Escuelas (Ministro de Educación) cuando recibió al escocés Alexander Watson Hutton que buscaba apoyo para enseñar fútbol en su escuela Buenos Aires English High School, cuna del mítico Alumni de los hermanos Brown…
Luis me lo contó así, si mi amigo el ruso… dicha escena forma parte del guión que escribió Homero Manzi para “Escuela de campeones”… película de 1950 sobre el primer equipo de fútbol de la Argentina…
Eran años de “Pelota de trapo” con Armando Bó y “El hincha” ¿qué sería del fútbol sin el hincha? Se preguntaba Enrique Santos Discépolo… el hincha, el crack, Sarmiento y Alumni formaban parte de lo que se contaba en cine en aquellos años.
No hay casi más vínculos entre Sarmiento y el fútbol… cuando este deporte llegó, los primeros clubes eligieron nombres de barrios, de fechas patrias y de próceres… San Martín tiene más de 100 clubes con su nombre…
Mientras que Sarmiento uno o alguno más… quizá el más conocido, es el de Junín. Fundado en 1911, en 1980 ascendió a primera, en ese equipo jugó mi amigo Guillermo Ocampo, ex de una tercera pincharrata, aunque allí jugaron también Ricardo Gareca, el Toti Iglesias, el Lobo Fischer y el Hueso Glaría, entre otros, Sarmiento le ganó a Boca y a River en su estadio, a éste último con baile incluído y una anécdota que conviene recordar, el humo de los chorizos afectó la vista del pato Fillol en uno de los goles…
Ahora está en la B Nacional, bien, 3.500 socios, fútbol, básquet, natación y vóley cuenta orgulloso su presidente Fernando Chioffazo, lamentablemente las reformas se llevaron puesta un busto de Sarmiento con una de sus tantas frases “las cosas hay que hacerlas, aunque sea mal, pero hacerlas” cuenta don Fernando con un dejo de tristeza…
Tampoco hubiese sido feliz un homenaje al Gran Maestro en tiempo de camdombe, un claro exceso en medio de la lluvia de goles del torneo…
Esto tiene que ver debido a que con mi compañera de tesis tenemos en preparación la difusión de ideas desde el poder y medios… desde el terrorismo de estado de la triple A hasta la actualidad… para muestra dicen… basta un botón, el 15 de febrero día del cumpleaños de Sarmiento el canal gubernamental le dedicó apenas un minuto a su memoria -según las grabaciones que lleva mi compañerita del mencionado canal, a mí me toca el trece-, desde la presidencia no se lo mencionó en todo el día, al menos públicamente… ni siquiera para aprovechar lo poco que falta para el inicio del año lectivo…
Por supuesto que el receptor, que a la vez son muchos receptores, se defiende con lo que tiene a mano, se informa acerca del mundo y de su país como puede y espera siempre la palabra plural, transparente y sin candados… aquella que nunca es la última en decirse…
El bicentenario del nacimiento del maestro coincide con un año de elecciones… habrá civilización y barbarie en nuestra democracia que anda cerca de cumplir los 30 años… y otra vez parafrasear a Borges no está de más “…Sarmiento el soñador, sigue soñándonos…”
Todo un progreso, palabra que Sarmiento amaba mucho.
editorial del 7/3/11
Otra vez Carnaval! Vuelven los bailes! Mis hijas me miraban, que le pasa a papá? Se preguntaban… les conté lo de los bailes, los pomos, el sifonero, el bombero loco, cuando les expliqué que había que recortar la punta para que el chorro sea más grueso se miraban como diciéndose… está loco… les hablé lo de los corsos, que en uno de ellos se rompió el disfraz que consistía en jugar a que era una novia, claro que con el traje de novia que usó mamá para su casamiento, que luego del corso desfilé como tal sobre el capot de un falcon por suerte… blanco por calle 8 y desde la heladería Cadoro nos regalaron helado a todos por lo divertido que estuvo el espontaneo corso que sin querer hicimos…
Dicen que a fuerza de regresiones se crece. Bueno, esta semana regresé en reiteradas oportunidades a mi infancia y no tanto, lo hice para ver si encontraba una frase bastante reiterada por los medios durante estos últimos días.
Claro, entre muchas cosas, recordé a Marta y los abuelos con sus dichos, en mi caso esto no es un reproche hacia ellos, aunque es cierto que muchos psicólogos se esfuerzan a diario para que así sea y tratar -como en un policial negro- de encontrar al culpable.
Por ejemplo, tardé cuatro o cinco años en saber quién era “coso”… ocurrió que Marta se divorció allá por el 54 o 55, una adelantada mamá, no se imaginan las cosas que se comentaban en el barrio, papá se fue con otra o sin otra pero se fue, la interpretación que hice fue que a mí me querían tanto que a nadie se le ocurriría lastimarme o lo que sea…
Entonces, cada vez que un gesto, una mirada, una respuesta, etc. todo lo que los chicos hacemos mientras crecemos, abuela, abuelo o mamá decían a coro “…igual a coso…”, esto que se reiteraba regularmente debido a que yo crecía y crecía y que fue una época donde los chicos muchas preguntas no podíamos hacer… eran cosas de grandes… nos contestaban y se acaba todo, no era como ahora, pero así y todo luego de algunos años descubrí quién era coso?
Fue mi gran duda existencial y así fue como advertí que tenía cosas parecidas a Papá claro, como todos los hijos… “coso” era papá!
La cuestión era no nombrarlo para que el chico en cuestión recordara y provocara gran tristeza en él, peor o mejor, vaya uno a saber… esto no termina acá…
Porque la frase que mencioné al principio y despertó tanta curiosidad fue de la Sra. Presidenta que dijo “no se hagan los rulos” por qué? Y porque justamente esa en casa no la escuché jamás… eso sí Marta iba a la peluquería para hacerse la permanente peinado que consistía en tener la cabeza llena de rulos… imagino que viene por ahí… no?
Hubo otras que me asustaban, a veces con toda la familia reunida el abuelo se levantaba abruptamente y decía “voy de cuerpo” daba miedo… sobre todo porque el resto le preguntaba “otra vez” y con seriedad… yo pensaba que pasaba algo malo, dónde iba el cuerpo del abuelo? después con el tiempo y luego de él ir yo al baño después que el abuelo, advertí qué era “voy de cuerpo”… y mucho tiempo pasó y leí a César Bruto… él escribió nada es tan sencillo y necesario, como ir de cuerpo, ja, ja…
La abuela era mucho más divertida… ella movía el vientre… no daba miedo, pensé que bailaba aunque siempre en el baño sonaba raro.
Otra que me costó mucho fue “…está gruesa…” amigo! esa era terrible, miren que hay formas de decir embarazo antes de gruesa no?
La mejor fue una vecinita que también con el tiempo y siempre mucho tiempo aprendí nació con un diálogo entre una vecina y Marta, fue algo así…
-Y qué tiene? Preguntaba Mamá…
-Ahí abajo…
-Le duele?
-Mucho no… Ay Marta siento tanta vergüenza…
Yo, no recuerdo que edad tenía, todavía usaba cortos, pero en mi época con los cortos fui a Tribunales así que podría tener 14. Lo cierto era que si le dolía ahí abajo… como decía la vecina, yo le chusmeaba los pies y al ver que no tenía nada, las piernas, rodillas que se yo… ahí abajo… y la nena no tenía nada… “ahí abajo”
Pero pasó un tiempito y todo el mundo se dio cuenta qué tenía la nena ahí abajo, por la panza claro, se imaginan el barrio… pobre la nena, bueno nena no tanto, debe haber sido a sus 18 o 19 para mí era una mujer grande… para el barrio la nena que como les dije… estaba gruesa.
Después crecí y fui papá y no voy a olvidar nunca lo de …ahí abajo… por muchas razones algunas que se les están ocurriendo a ustedes… chanchos míos… pero todo fue por la cantidad de sinónimos que pude utilizar para los genitales femeninos en este caso… la nena para la vedette voladora, se acuerdan y de lo contrario… la chochi, cachu, cholita, que se yo, cómo la van a llevar al médico y al verlo decirle “Doctor…le duele ahí abajo…”, imaginen la cara del pobre, tanto estudiar, por dónde comienza a revisar… Qué bárbaro!
Dicen que a fuerza de regresiones se crece. Bueno, esta semana regresé en reiteradas oportunidades a mi infancia y no tanto, lo hice para ver si encontraba una frase bastante reiterada por los medios durante estos últimos días.
Claro, entre muchas cosas, recordé a Marta y los abuelos con sus dichos, en mi caso esto no es un reproche hacia ellos, aunque es cierto que muchos psicólogos se esfuerzan a diario para que así sea y tratar -como en un policial negro- de encontrar al culpable.
Por ejemplo, tardé cuatro o cinco años en saber quién era “coso”… ocurrió que Marta se divorció allá por el 54 o 55, una adelantada mamá, no se imaginan las cosas que se comentaban en el barrio, papá se fue con otra o sin otra pero se fue, la interpretación que hice fue que a mí me querían tanto que a nadie se le ocurriría lastimarme o lo que sea…
Entonces, cada vez que un gesto, una mirada, una respuesta, etc. todo lo que los chicos hacemos mientras crecemos, abuela, abuelo o mamá decían a coro “…igual a coso…”, esto que se reiteraba regularmente debido a que yo crecía y crecía y que fue una época donde los chicos muchas preguntas no podíamos hacer… eran cosas de grandes… nos contestaban y se acaba todo, no era como ahora, pero así y todo luego de algunos años descubrí quién era coso?
Fue mi gran duda existencial y así fue como advertí que tenía cosas parecidas a Papá claro, como todos los hijos… “coso” era papá!
La cuestión era no nombrarlo para que el chico en cuestión recordara y provocara gran tristeza en él, peor o mejor, vaya uno a saber… esto no termina acá…
Porque la frase que mencioné al principio y despertó tanta curiosidad fue de la Sra. Presidenta que dijo “no se hagan los rulos” por qué? Y porque justamente esa en casa no la escuché jamás… eso sí Marta iba a la peluquería para hacerse la permanente peinado que consistía en tener la cabeza llena de rulos… imagino que viene por ahí… no?
Hubo otras que me asustaban, a veces con toda la familia reunida el abuelo se levantaba abruptamente y decía “voy de cuerpo” daba miedo… sobre todo porque el resto le preguntaba “otra vez” y con seriedad… yo pensaba que pasaba algo malo, dónde iba el cuerpo del abuelo? después con el tiempo y luego de él ir yo al baño después que el abuelo, advertí qué era “voy de cuerpo”… y mucho tiempo pasó y leí a César Bruto… él escribió nada es tan sencillo y necesario, como ir de cuerpo, ja, ja…
La abuela era mucho más divertida… ella movía el vientre… no daba miedo, pensé que bailaba aunque siempre en el baño sonaba raro.
Otra que me costó mucho fue “…está gruesa…” amigo! esa era terrible, miren que hay formas de decir embarazo antes de gruesa no?
La mejor fue una vecinita que también con el tiempo y siempre mucho tiempo aprendí nació con un diálogo entre una vecina y Marta, fue algo así…
-Y qué tiene? Preguntaba Mamá…
-Ahí abajo…
-Le duele?
-Mucho no… Ay Marta siento tanta vergüenza…
Yo, no recuerdo que edad tenía, todavía usaba cortos, pero en mi época con los cortos fui a Tribunales así que podría tener 14. Lo cierto era que si le dolía ahí abajo… como decía la vecina, yo le chusmeaba los pies y al ver que no tenía nada, las piernas, rodillas que se yo… ahí abajo… y la nena no tenía nada… “ahí abajo”
Pero pasó un tiempito y todo el mundo se dio cuenta qué tenía la nena ahí abajo, por la panza claro, se imaginan el barrio… pobre la nena, bueno nena no tanto, debe haber sido a sus 18 o 19 para mí era una mujer grande… para el barrio la nena que como les dije… estaba gruesa.
Después crecí y fui papá y no voy a olvidar nunca lo de …ahí abajo… por muchas razones algunas que se les están ocurriendo a ustedes… chanchos míos… pero todo fue por la cantidad de sinónimos que pude utilizar para los genitales femeninos en este caso… la nena para la vedette voladora, se acuerdan y de lo contrario… la chochi, cachu, cholita, que se yo, cómo la van a llevar al médico y al verlo decirle “Doctor…le duele ahí abajo…”, imaginen la cara del pobre, tanto estudiar, por dónde comienza a revisar… Qué bárbaro!
jueves, 3 de marzo de 2011
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